El socio

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Veintiuno de mayo del dos mil uno, sábado, salí del teatro a las once de la noche tras asistir a una obra en la que participaban unos amigos, en aquellos años estaba enrolado en un grupo de teatro, pero esa es una historia que probablemente nunca contaré.

A mis diecisiete años era una bomba hormonal que no aceptaba que la noche terminase a esa ridícula hora y sin nada de lo que arrepentirse. Por este motivo comencé mi travesía hacia el centro estratégico del ocio juvenil, la ilustre plaza de toros de El Puerto de Santa Maria, sin ningún plan previo pero con la esperanza y vitalidad propios de la juventud.

En la calle Santa Lucía avisté una silueta familiar, era el socio, aunque por aquel entonces no lo sabía, para mí solo era un tipo que había conocido semanas atrás. El socio también negó a las circunstancias su destino de quedarse en casa ese sábado noche, y en aquella tesitura nos encontramos, dos hombres sin ningún plan pero en contra de cualquier rendición, yo necesitaba un maestro y él un joven aprendiz.

Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos compartiendo una botella de vodka, la primera de muchas, cuando en este país no existían tantos complejos y se podía comprar y beber alcohol a cualquier hora del día. Copa a copa fuimos sembrando una amistad más sólida que cualquier otra y que durará hasta el final de nuestros días.

La noche terminó cuando recordé que aún tenía impuesto un toque de queda por mis padres y debía retirarme, embriagado por el alcohol y con dificultades para andar en línea recta fui guiado hasta casa por el socio, que me dejo a buen recaudo. Entré en casa como pude, vomité, limpié la escena del crimen y me quedé observando cómo se movía el techo de mi habitación. Mientras tanto el socio ya se estaba pidiendo la segunda copa en algún antro de confianza, porque el socio nunca se retira antes de que salga el sol.

Desde aquel día nos convertimos en socios y hemos vivido juntos cientos de aventuras, como siempre la casualidad vuelve a ser determinante en el devenir de nuestras vidas.

Fernández Saavedra

Hombre de negocios 3.0, Analista Programador y corredor de fondo.

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